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domingo, 26 de mayo de 2013

ÉTICA Y EMOCIONES

Mi hipótesis de partida es que la ética no puede prescindir de la parte afectiva o emotiva del ser humano porque una de sus tareas es, precisamente, poner orden, organizar y dotar de sentido a los afectos o las emociones. La ética no ignora la sensibilidad ni se empeña en reprimirla, lo que pretende es encauzarla en la dirección apropiada. ¿Apropiada para qué? Para aprender a vivir, que es, al mismo tiempo, aprender a convivir de la mejor manera posible. En el encauzamiento de las emociones tiene un papel importante la facultad racional, pero no para eliminar el afecto, sino para darle el sentido que conviene más a la vida, tanto individual como colectiva. Con esta concepción de la ética de la que parto y doy por buena no estoy descubriendo nada nuevo. Es lo que propuso Aristóteles, quien, por otra parte, fue el primer filósofo que se ocupó de sistematizar la ética en una teoría de las virtudes.

Victoria CAMPS
El gobierno de las emociones (pág. 25)

domingo, 17 de marzo de 2013

LIBERTAD


En la historia de la vida de un individuo podemos identificar el mismo proceso. El nacimiento supone, en cierta manera, abandonar una dependencia absoluta respecto a la madre para adquirir otra relativa. La evolución, la educación, la maduración, no comportan más que continuar esta transformación que se inicia en el momento del parto. Cuanto más crece el niño, más desarrolla la búsqueda constante de libertad e independencia. Mientras el individuo no es capaz de cortar el cordón umbilical que lo liga a su familia, a sus amigos o incluso a una clase social determinada, no es capaz de experimentar una libertad real. La existencia propiamente humana comienza, por tanto, cuando se supera esta determinación primordial, ya sea biológica o psico­lógica o social, para alcanzar la libertad.


Josep Muñoz Redon, El libro de las preguntas desconcertantes.

ÉTICA Y DERECHO

El derecho tiene, desde luego, mucho que ver con la fuerza, tanto en su nacimiento como en su aplicación, pero también mucho que ver con la ética. La fuerza es, sí, fuerza física, económica, material y hasta armada, pero es también y ello influye decisivamente “fuerza ética”, de convicción, de razón, de autoridad moral, de legitimidad. Y el derecho no puede ni debe prescindir de ninguna de las dos.


Se hace, no obstante, necesario señalar que hay dos cosas diferentes, aunque intercomunicadas, que no conviene en modo alguno confundir; una, el derecho, que trata de la legalidad; y, otra, la ética, que trata de la legitimidad o de la justicia.


Elías DÍAZ, La sociedad entre el derecho y la justicia

LA MORALIDAD


¿Dónde se origina, pues, la capacidad humana de considerar los asuntos en términos morales más que en términos puramente prácticos? Comienza, tal vez, con la primera pregunta filosófica que todo el mundo se plantea: “¿Qué debo hacer?”. Esto se debe a que la inte­racción con el mundo y con los demás seres humanos comienza incluso antes de que se haya adquirido la ca­pacidad de andar y hablar, y ciertamente antes de que se pueda hacer uso de la razón. Cuando el niño se da cuenta por primera vez de que afronta una elección, tiene, consciente o inconscientemente, el primer encuen­tro con un posible acto moral. Es de esperar que la base de esa primera elección sea la satisfacción de sus deseos y necesidades. Más adelante, los intereses de los demás serán experimentados como una limitación. Y tal vez, más tarde, se dará cuenta de que existe un terreno específico de acción moral. La búsqueda de la fuente de esta vida potencialmente moral y el intento de asentar­la sobre una base teórica segura proporcionan a la filo­sofía moral buena parte de su esencia.

EI primer y principal modo de entender la morali­dad se basa en equipararla con un código de conducta establecido. Por ejemplo, los Diez Mandamientos, el Sermón de la Montaña o la Sunna islámica. Las comu­nidades humanas han formalizado los códigos morales desde sus orígenes, y la mayor parte de las grandes re­ligiones del mundo ofrecen sistemas éticos vivos a sus seguidores. La etimología apoya la idea de equiparar la moralidad con este tipo de códigos morales, pues tanto el término de ethos (la raíz griega de “ética”) como el de mores (raíz latina de “moral”) están vinculados con las costumbres y conductas.

Así, ¿debe la moralidad seguir ciegamente la tradi­ción dominante en un lugar y una época determinados? Parece que no, porque los propios códigos morales pueden estar abiertos a críticas morales. Además, exis­ten ciertas certezas y convicciones que han superado la prueba del tiempo, y también las del lugar y la cultura. La búsqueda de la moralidad es la búsqueda de algo que tenga sustancia y categoría por derecho propio.


David PAPINEAU, Filosofía, Blume, Barcelona, 2008, pag. 134–135

lunes, 11 de marzo de 2013

ÉTICA DE LAS VIRTUDES


La ventaja que le encuentro a la ética de las virtudes o del carácter es que permite abordar un aspecto que otras teorías éticas suelen pasar por alto: el de la motivación moral. Las éticas de los principios y las éticas de las consecuencias –para referirme a la división canónica de las éticas modernas– concentran su esfuerzo en formular y fundamentar el deber ser, pero les preocupa poco que la realidad siga siendo como es. Se refieren poco o nada a los motivos que llevan a las personas a regirse por ellas o a no hacerlo, aun cuando los principios o las consecuencias de lo que van a hacer les sean suficientemente conocidos. Lo que tradicionalmente se ha llamado “debilidad de la voluntad”, saber y conocer dónde está el bien y, sin embargo, escoger el mal, pone de manifiesto la distancia real y constante entre la teoría y la práctica, (…).

Aún así, hablar en el siglo XXI de la formación o educación del carácter –o de virtudes– no puede significar lo mismo que en la época de Aristóteles. El filósofo griego no dudó en establecer cómo debía ser el hombre para ser excelente, que carácter o qué ethos debía adquirir para ser como debía ser (…). Hoy, el tema hay que abordarlo desde otras premisas, pues, desde la Modernidad, se ha ido imponiendo como valor fundamental la libertad: libertad del individuo para escoger cómo vivir de acuerdo con lo que cada cual considere su bien. Nadie tiene derecho a imponer la noción de excelencia ni de felicidad, ya lo dijo Kant.

Victoria CAMPS,
El gobierno de las emociones, (pag. 256-257)

martes, 5 de marzo de 2013

jueves, 28 de febrero de 2013

LIBERTAD POSITIVA Y LIBERTAD NEGATIVA


Se pueden distinguir, a mi juicio, [varios] sentidos diferentes de la palabra libertad, tal como ha sido usada a  lo largo del tiempo. (…).

La libertad psicológica o libertad de elección es un dato de la condición humana, ciertamente discutido desde las diversas posturas deterministas, pero presente en la historia del pensamiento. Es la libertad de elección que nos permite escoger entre diversas posibilidades y que, junto con otros rasgos, como el lenguaje o la capacidad de abstraer y de construir conceptos generales, nos distingue de los demás animales. Por eso, Max Scheler decía que el hombre es el único animal capaz de decir no. Esta libertad es objeto directo del estudio de la psicología y de la antropología, aunque para la filosofía, especialmente para la filosofía moral, también es importante. (…)

La [segunda] acepción es la que podemos llamar libertad social, política y jurídica. Tiene como ámbito de acción la sociedad civil, el poder y el derecho; es la síntesis de los derechos humanos. Es la consecuencia de la elaboración racional basada sobre todo el material de los derechos humanos que ha ido aflorando en la historia a partir del tránsito a la modernidad.


Gregorio Peces—Barba, Sobre el fundamento de los derechos humanos,
Madrid, 1989 (pag. 271)

domingo, 17 de febrero de 2013

HANS JONAS: EL IMPERATIVO DE RESPONSBILIDAD

La obra de Hans Jonas es, hoy por hoy, uno de los referentes con mayor influencia en el ámbito de las éticas aplicadas, y su libro El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (1973) constituye un referente inexcusable.
La ética de Jonas arranca de un hecho: el hombre es el único ser conocido que tiene responsabilidad. Sólo los humanos pueden escoger consciente y deliberadamente entre alternativas de acción y esa elección tiene consecuencias. La responsabilidad emana de la libertad. O, en sus propias palabras: “la responsabilidad es la carga de la libertad”. La responsabilidad es un deber, una exigencia moral que recorre todo el pensamiento occidental, pero que hoy se ha vuelto más acuciante todavía por el poder que tiene el hombre en las condiciones de la sociedad tecnológica actual.
Para Jonas, la responsabilidad moral arranca de una constatación fáctica: la vulnerabilidad de la naturaleza en la era de la técnica. La ciencia y la técnica han modificado profundamente las relaciones entre hombre y mundo. Para los antiguos, la potencia humana era limitada y el mundo, en cambio, era infinito. Jonas propone el ejemplo de la ciudad griega, que era un enclave civilizado rodeada un entorno amenazador, de bosques y selvas.
Pero hoy la situación se ha invertido y la naturaleza se conserva en parques naturales, rodeados de civilización y tecnología. Hoy la naturaleza es débil y está amenazada. El hombre tiene, pues, el deber moral de protegerla y ese deber aumenta en la medida que sabemos lo fácil que es destruir la vida. “La ética hoy debe tener en cuenta las condiciones globales de la vida humana y de la misma supervivencia de la especie”.  
La idea fundamental sobre la que se sustenta la ética jonasiana es la experiencia de la vulnerabilidad. Las generaciones actuales tienen la obligación moral de hacer posible la continuidad de la vida y la supervivencia de las generaciones futuras. Ese deber es explicitado como un nuevo imperativo categórico: “Obra de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica sobre la tierra”.
         Este imperativo puede expresarse también negativamente. “Obra de tal manera que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esta vida”. O, más sencillamente, todavía: No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la tierra.
         También se puede formular positivamente como: “Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre”.
Son, en definitiva, fórmulas diversas para un mismo imperativo de la responsabilidad. Hacer hoy el bien, significa hacerlo en las condiciones de la tecnología.
Jonas es un enemigo radical de las utopías. La utopía consideraba que en el mundo todo era posible y nada estaba escrito. Pero la experiencia de la bomba atómica, de la contaminación y de la Shoah demuestra que, moralmente, la utopía puede acabar siendo la justificación del asesinato en gran escala y de la destrucción del planeta. La utopía decía a los hombres "Tu puedes hacerlo; y en cuanto puedes, debes". La responsabilidad exige, sin embargo el cálculo de riesgos y, en la duda, si algo puede fallar, es mejor no hacerlo.  El deber o axioma básico de la responsabilidad comprende tres aspectos:

1) La existencia de un mundo habitable, pues no cualquier mundo puede ser un espacio
    de "habitación" humana auténtica.
2) La existencia de la humanidad, porque un mundo sin hombres, para Jonas, equivale  a la nada: sin humanidad desaparece el ser.
3) El "ser tal" de la humanidad: la humanidad auténtica no es cualquiera, sino una humanidad creadora. El ser del hombre crea valor y una humanidad no creadora no sería estrictamente humana.

A diferencia del imperativo categórico kantiano, que se dirigía al comportamiento privado del individuo, el nuevo imperativo de la responsabilidad se dirige al comportamiento público y social. No se trata de buscar la concordancia del hombre consigo mismo, la coherencia personal del humano que quiere estar a la altura de su deber, como acontecía en Kant, sino que se pone el acento en la dimensión de futuro, que al revés de lo que acontece con la utopía, no se ve como promesa sino como amenaza.  
Si la ética de Jonas se pretende con valor universal, no es porque todo el mundo hace lo mismo (cosa que ya sabemos que no ocurre), sino porque obrando así defendemos la vida de todos.
El imperativo ético que propone Jonas arranca del miedo o, por usar sus palabras, de la "heurística del temor” –respeto mezclado con miedo–. Es el miedo a las consecuencias irreversibles del progreso (manipulación genética, destrucción del habitat) lo que nos obliga a actuar imperativamente. El motor que nos impulsa a obrar es la amenaza que pende sobre la vida futura.
En la civilización actual es mucho más fácil saber qué es el mal que indagar sobre el bien. Un mal absoluto, como la desaparición de la especie, debe obligarnos absolutamente. Si nos damos cuenta de los efectos a largo término de nuestros actos y somos capaces de experimentar el sentimiento de pérdida posible, necesariamente debemos sentirnos impelidos a obrar. No hay técnica "buena" y técnica "mala". Como dice en su conferencia "Por qué la técnica moderna es objeto de la ciencia" (1982): “La bendición de la ciencia, puede convertirse en maldición: el hermano Caín (la bomba) es malo, pero el hermano Abel (el pacífico reactor) también lo puede ser.  
El miedo es un sentimiento negativo, pero de esa negatividad puede salir algo positivo: hay que prestar más atención a la profecía de la desgracia que a la de la felicidad utópica, y obrar en consecuencia, tomando en serio la amenaza que planea sobre el futuro de la humanidad y que nos invita a obrar con responsabilidad.


BIBLIOGRAFÍA:

domingo, 25 de noviembre de 2012

MORAL INDIVIDUAL Y MORAL SOCIAL


Si nuestra conducta estuviera completamente determinada, de tal modo que nunca tuviéramos que elegir ni tomar decisión alguna, la reflexión sobre lo que hacer sería superflua y la conciencia moral no existiría. Sin embargo, nuestra conducta no siempre está unívocamente determinada. Muchas veces podemos hacer una cosa u otra y vacilamos sobre cuál hacer. En algunas ocasiones reflexionamos sobre el curso que queramos dar a nuestra acción, teniendo en cuenta tanto la información circunstancial de que disponemos como nuestros propios valores, metas, principios, inclinaciones y sentimientos. Estas reflexiones constituyen nuestra conciencia moral. No podemos abdicar de la conciencia moral, de lo que José Luis L. Aranguren llamaba la moral como estructura (por contraposición a los contenidos concretos de las doctrinas morales).

Siempre tenemos que elegir, que tomar decisiones. Incluso si decidimos resolver nuestro dilema echando una moneda al aire y aceptando su veredicto, eso es también una decisión. De todos modos, sería muy fatigoso reflexionar desde cero en cada caso concreto. Por eso adoptamos reglas morales (…) que guíen nuestra acción en multitud de casos parecidos. En vez de plantearnos, cada vez que vamos al restaurante, el dilema de si pagar la cuenta o marcharnos sin pagar, podemos adoptar de una vez por todas la regla de pagar siempre la cuenta. (…)

Cada humán adulto y en pleno uso de sus facultades mentales es un agente moral capaz de regular su propia conducta de acuerdo con reglas que él mismo libremente adopta. Si lo hace, su comportamiento no será caótico, sino coherente. (…) La moral así concebida es un asunto privado. Cada uno tiene su propia moral. Las morales individuales difieren tanto en su contenido como en su nivel de sofisticación. En nuestra interacción con los demás, con frecuencia tratamos de convencerlos para que cambien aspectos de su moral que no nos gustan y, a la inversa, nuestra moral se ve influida por el ejemplo y las razones de los otros.

La sociedad necesita regular múltiples aspectos de la conducta humana de un modo más objetivo, impersonal y estable que la mera confrontación de las morales individuales. Esta regulación es el Derecho, a veces basado en la intersección de las morales individuales, pero en cualquier caso expresión convencional de la voluntad del legislador. La moral solo puede ser individual o particular, pero el Derecho es universal (…)

Jesús Mosterín, La naturaleza humana,
Espasa Calpe, Madrid, 2006 (pag. 369)

domingo, 3 de junio de 2012

LA RENTA BÁSICA

¿Tiene la ciudadanía derecho a recibir un ingreso incondicional que le posibilite la existencia? Desde hace más de una década, algunos centros académicos de Europa y de América Latina están investigando la viabilidad de la instauración de un Subsidio Universal Garantizado. Esta propuesta es sencilla y provocadora: se trata ni más ni menos que de un ingreso pagado por el gobierno a cada miembro de pleno derecho de la sociedad, desde la cuna hasta la tumba, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, e independientemente de sus otras posibles fuentes de renta. El avance académico y social de esta original propuesta es imparable. ¿Se trata de una reforma éticamente viable? Si la respuesta es afirmativa, ¿tiene alguna posibilidad de ser social y económicamente viable? No es en los países de habla hispoana donde más se ha investigado acerca de los diversos y polémicos aspectos que el Subsidio Universal Garantizado obliga a considerar.


Daniel Raventós, El derecho a la existencia, Ariel, Barcelona, 1999 (contraportada)


Aquí tienes más información:
Presentación de Daniel Raventós (La Nueva España, 8 de marzo de 2001)
Entrevista a Daniel Raventós Pañella (La Nueva España, 11 de marzo de 2001)
La renta básica: lo que es y lo que no es (El País, 12 de junio de 2001)
La Renta Básica de Ciudadanía (El País, 27 de mayo de 2001)
Renta ciudadana y tipo único del IRPF (El País, 25 de junio de 2001)
Entrevista (La Nueva España, 13 de abril de 2002)
Daniel Raventós (La Nueva España, 12 de junio de 2009)
Ricos y pobres (El País, 16 de noviembre de 2002)

Y en estas páginas...
sin permiso
revista teína
Red Renta Básica
alterglobalización

O puedes leerte el libro de Daniel Raventós:
«La simplicidad administrativa que supondría la sustitución por el Subsidio Universal Garantizado de muchos subsidios condicionados habla a favor del primero. Un subsidio condicionado comporta muchos más controles administrativos con el fin de evitar posibles fraudes de personas que no reúnan las condiciones para poseer la condición de beneficiarios, o para verificar que los que lo están recibiendo no estén realizando alguna actividad incompatible con el subsidio».


Daniel Raventós, El derecho a la existencia, Ariel, Barcelona, 1999 (pag. 99)

miércoles, 18 de abril de 2012

JUICIOS DE REALIDAD Y JUICIOS DE VALOR

Hace tiempo que la filosofía moderna ha hecho la distinción capital entre juicios de realidad y juicios de valor.

Todo el mundo sabe que juicio es el pensamiento de una relación entre dos términos. Uno de los dos términos, el llamado sujeto, indica la cosa de quien se afirma o niega algo y el otro término, llamado predicado, expresa lo que se afirma o niega del primero. Así, en el juicio: el oro es un metal, oro es el sujeto, pues indica la cosa de que se habla, y metal es el predicado, pues expresa lo que se dice del oro. En el juicio: el oro es apetecible, oro es el sujeto y apetecible es el predicado.

Comparemos, empero, los dos predicados que sucesivamente hemos atribuido al oro: metal y apetecible. El predicado metal pertenece al oro mismo, es inherente al oro, de tal suerte, que en todo tiempo y circunstancia siempre el juicio: el oro es un metal, resulta verdadero. En cambio el predicado apetecible no pertenece al oro mismo, en absoluto, no es inherente al oro en todo tiempo, lugar y circunstancia. No siempre es verdadero el juicio siguiente: el oro es apetecible. Robinsón, en su isla, no apetece poseer oro; y cualquier otro objeto de escasa valía para nosotros, es, en cambio, para él de un valor inestimable.

¿A qué obedece esta capital diferencia? Observemos aún otra, que nos pondrá en el camino de la solución. El primer juicio: el oro es un metal, expresa una relación en que los dos términos son oro y metal. Y en esta relación no interviene ningún término más. Los conceptos oro y metal tienen en sí mismos su plena significación que reciben de las relaciones que a su vez cada uno de ellos mantiene con otros objetos de la naturaleza. En suma, el primer juicio expresa una relación totalmente objetiva.

Veamos ahora el segundo juicio: el oro es apetecible. Existe desde luego una relación entre los dos términos oro y apetecible. Pero además existe, más o menos ocultamente -en este ejemplo, de un modo bien manifiesto-, otra relación en la que uno de los términos es: yo. En realidad, el juicio debe formularse así: el oro es apetecible para mí, o para el hombre. El segundo término: apetecible, no expresa y significa un concepto totalmente reductible a relaciones objetivas, sino un concepto cuya significación arranca de una fundamental relación conmigo, con el yo, con el que habla; en suma, el segundo juicio no expresa una verdad objetiva, sino un estado subjetivo del ánimo con respecto al oro. Ahora bien, el tal estado subjetivo del ánimo, con respecto al oro, depende de muchas y muy varias circunstancias, consideradas todas ellas, a su vez, no en lo que tengan de objetivamente real y permanente, sino en sus relaciones con respecto a mí, al yo, al que formula el juicio; por consiguiente, la verdad del segundo juicio no es constante, universal y necesaria, sino contingente, particular, dependiente de esas mil circunstancias. Robinsón se halla colocado en tales coyunturas que, para él, no es verdadero el juicio: el oro es apetecible. El oro, para Robinsón, no tiene valor.

M. García Morente, Juicios de valor, «Revista General», 1918.

jueves, 5 de abril de 2012

¿QUÉ ES EL PODER?

Érase una vez un rey escocés juicioso y justo como pocos de los que se recuerdan en las tierras del Norte. La noble autoridad de Duncan era cuestionada, sin embargo, en el interior del país por sus enemigos, y en el exterior por los noruegos. Unas amenazas que desencadenarían rápidamente el conflicto. Como la edad del rey era demasiado avanzada para que pudiera tomar parte en la lucha, delegó este honor en dos de sus mejores generales: Macbeth y Banquo. Dos soldados que únicamente compartirían entre ellos el hecho de ganar la guerra gracias a su fuerza y destreza. Banquo era fácil de contentar porque no codiciaba nada, en cambio Macbeth, enardecido por su éxito militar, sólo pensaba en como podía concentrar más poder.

Mientras volvían a casa, sin haber podido celebrar su éxito, los dos guerreros se toparon con unas brujas que les hicieron unas revelaciones de lo más jugoso: a Banquo le pronosticaron que seria padre de un rey, mientras que a Macbeth le anunciaron que pronto ocuparía el trono. Un augurio que espolearía aún más su desmesurado deseo de poder.

Asesorado por la ambiciosa Lady Macbeth, el señor de Cawdor asesinó a traición al rey. El castillo de Iverness quedó mas vacío que nunca. Nadie se explicaba qué había pasad. Después de librarse del resto de sus rivales, Macbeth fue coronado en Scone.

Un éxito que no quería compaginar con la posibilidad, apuntada por el augurio de las brujas, de que el hijo de Banquo llegara a ser rey. No pudiendo transmitirle a su propio hijo la corona, odiaba a Banquo al mismo tiempo que urdía otro crimen: el asesinato de éste y de su hijo. Un objetivo que sólo consiguió parcialmente, porque el cachorro del leal general consiguió escapar de la emboscada que le habían preparado los sicarios del rey.

Lleno de dudas y remordimientos, la tragedia de Shakespeare nos plantea cómo Macbeth vuelve al lugar donde se había encontrado con las brujas, a la búsqueda de nuevas revelaciones. Obtiene tres: un aviso sobre el peligro del señor de Fife, Macduff, uno de sus rivales al trono; el anuncio de que sólo un hombre que no haya nacido del vientre de una mujer le podrá hacer daño y la constatación de que nunca será vencido hasta que el gran bosque de Birnam marche contra él por la colina de Dunsinane.

Tres elementos que parece tan imposible que se lleguen a dar juntos como por separado. Tres ingredientes, sin embargo, que rápidamente se combinarían: Macduff, el Nonato, organiza un ejército para asaltar el castillo de Macbeth protegiendo a sus soldados de las miradas de los vigías con las ramas de los árboles del bosque de Birnam. El resto es previsible: la espada de Macduff pone punto final a la ambición insensata de Macbeth, restituyendo al verdadero heredero del trono de Escocia, Malcolm.

Macbeth es una de las tragedias más famosas de Shakespeare. Su historia es conocida por todo el mundo, incluso por aquellos que no han leído la obra, y es por eso mismo que adquiere el carácter ejemplar y primario que buscamos en los mitos. La obra se podría resumir en una sola frase: la ambición de un general que quiere gobernar un país. Igual que Ricardo III, la historia del conde de Gloucester, expresa el anhelo de dominio de los hombres. Gloucester, como Macbeth, elimina a todos los que se interponen entre él y el trono. Una misma estrategia sangrienta con la que quieren conseguir el reconocimiento social que no se han sabido procurar por ninguna otra vía. Pero los fantasmas que ellos mismos han creado acaban devorándoles.


Sigue leyendo el capítulo: ¿Qué es el poder?

TEXTO EXTRAÍDO DE:
Josep Muñoz Redon, El libro de las preguntas desconcertantes, Paidós, Barcelona, 1999

¿QUÉ ES LA SOCIEDAD?

Érase una vez un extraño restaurante regentado por el Todopoderoso. Dios mandó llamar a un rabino para enseñarle el cielo y el infierno: “Te diré cómo es el infierno”, dijo el Señor mientras le acompañaba a una habitación en la que había una gran mesa redonda. En el centro de la mesa había una gran olla llena de comida, pero la gente sentada alrededor estaba hambrienta y desesperada. Los comensales sólo disponían de unas cucharas muy largas para poder comer y no estaban dispuestos a colaborar entre ellos para alcanzar los alimentos, l0 cual hacía imposible alimentarse. El rabino pudo constatar como su sufrimiento era terrible. “Ahora te enseñaré el cielo”, dijo Dios, y fueron a otro comedor que reproducía exactamente la misma escena con una sustancial diferencia: las personas que estaban allí estaban carnosas y satisfechas porque habían aprendido a alimentarse las unas a las otras cogiendo las cucharas por turnos y colaborando mutuamente...

Esta fábula judía presenta el paraíso como un intercambio continuado mediante las relaciones que establecemos con nuestros semejantes. Una colaboración estable que sólo encontramos en la sociedad. El tormento más cruel que podemos imaginar es vivir al lado de otras personas sin establecer ningún tipo de relación.

Que el hombre es un animal que establece relaciones es algo que no discute nadie. Ni el mismo Aristóteles, que fue el primero en definir a los seres humanos como animales sociales por naturaleza: la imposibilidad de una educación sin socialización, la necesidad de afecto y contacto humano o la misma naturaleza gregaria de nuestra especie lleva a este sabio clásico a este convencimiento. Las personas, como miembros de la especie animal –como también constató el fundador del Liceo con sus amplios estudios naturalistas– necesitamos continuamente el contacto y la colaboración de los demás.

Todas las células provienen de otras células, no pueden nacer de otra forma. Nuestra interdependencia biológica es primaria y puede explicar también las ganas y la necesidad de vivir en colectivos. La existencia de todo organismo, por pequeño que sea, depende estrechamente de la vida de las otras células del tejido que conforman. La mayoría de los animales y plantas –salvo algunas arañas y peces– viven en asociaciones, manadas, pandillas, grupos, colonias o sociedades. Los hombres, como los gusanos o las hormigas, también tenemos una tendencia justificada a formar colectividades. Con muy pocas excepciones, ningún individuo evita el contacto con sus semejantes.


Sigue leyendo el capítulo: ¿Qué es la sociedad?

TEXTO EXTRAÍDO DE:
Josep Muñoz Redon, El libro de las preguntas desconcertantes, Paidós, Barcelona, 1999

sábado, 17 de marzo de 2012

LOS NADIES


SUEÑAN las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.



EDUARDO GALEANO, El libro de los abrazos

viernes, 16 de marzo de 2012

TAMBIÉN LAS MUJERES SABÍAN PINTAR

Fueron reales y triunfaron. La gran pregunta es por qué no aparecen en los libros ni vemos sus obras en los museos. La respuesta la tienen los hombres que han ejercido como historiadores, críticos y conservadores.
Por Ángeles Caso.


También las mujeres sabían pintar
O bien en: El País, 8 de marzo de 2012


Imagen:
Autorretrato, de Artemisia Gentileschi (1593-1652)


Más información en:
Al principio estuvo Artemisia
También en PDF

miércoles, 14 de marzo de 2012

LIBERTAD, AUTONOMÍA, RESPONSABILIDAD

Sólo el ser libre es responsable. Sólo quien decide autónomamente prefiriendo una entre dos o más posibilidades está en condiciones de responder de lo que hace. La responsabilidad, la autonomía y la libertad son lo mismo.

Pero lo que en teoría se dice fácil, en la práctica es mucho más confuso. Decimos que somos libres, autónomos, responsables, pero ¿entendemos realmente qué significa cada uno de estos atributos del sujeto ético?

La responsabilidad tiene que ver con la libertad o autonomía del individuo, así como con su capacidad de comprometerse consigo mismo, y sobre todo, con otros, hasta el punto de responder de sus acciones. Esa relación de compromiso, de expectativas o exigencias hace que la responsabilidad sea una actitud esencialmente dialógica. Finalmente, sólo son autónomos aquellos seres que son capaces de valerse por sí mismos a ciertos efectos, que pueden tomar decisiones, que ostentan un cierto poder y, en consecuencia, algún tipo de autoridad. Así pues, ningún ser humano mayor de edad puede esquivar la misión de tener que responder de algo frente a alguien, porque, ineludiblemente ha de encontrarse en situaciones de poder, de tomar decisiones, que le exigen satisfacer unas demandas (…).

Esto es así porque uno vive entre otros semejantes y es interpelado por ellos de continuo y a cualquier propósito. La autonomía nunca es absoluta, no excluye conexiones o ligazones: nadie es totalmente autosuficiente ni actúa sólo para sí mismo.


Victoria Camps, Virtudes públicas.

lunes, 20 de febrero de 2012

LOS VALORES

Los valores son un linaje peculiar de objetos irreales que residen en los ob­jetos reales o cosas, como cualida­des sui generis. No se ven con los ojos, como los colores, ni siquiera se entienden, como los números y los conceptos. La belleza de una esta­tua, la justicia de un acto, la gracia de un perfil femenino no son cosas que quepa entender o no entender. Sólo cabe «sentirlas», y mejor, esti­marlas o desestimarlas.

EI estimar es una función psíquica real −como el ver, como el enten­der− en que los valores se nos hacen patentes. Y viceversa, los valores no existen sino para sujetos dotados de la facultad estimativa, del mismo modo que la igualdad y la diferencia sólo existen para seres capaces de comparar. En este sentido, y sólo en este sentido, puede hablarse de cier­ta subjetividad del valor.


José Ortega y Gasset, «Introducción a una estimativa. ¿Qué son los valores?»,
en Obras completas.

lunes, 16 de enero de 2012

UN RIÑÓN SÓLO PARA BLANCOS

El racismo se ha colado en la sanidad británica. En un caso aparentemente único, un hospital público de la ciudad de Sheffield aceptó un riñón a pesar de las condiciones claramente discriminatorias que acompañaban su donación.


Un riñón sólo para blancos
Enlace con El País, 8 de julio de 1999

SORDOS POR DECISIÓN MATERNA

Una pareja de lesbianas que no puede oír utiliza el semen de otro sordo para tener hijos con la discapacidad.
Enlace con El País, 9 de abril de 2002
Enlace con ABC, 14 de abril de 2002


Y TAMBIÉN:
Los sordos defienden su silencio: Enlace con El País, 14 de abril de 2002
¿Sordera de encargo? Felisa Pino (Opinión): Enlace con El País, 22 de abril de 2002
Dos maneras de ser sordo (Reportaje): Enlace con El País, 30 de mayo de 2005

lunes, 28 de noviembre de 2011

EN BUSCA DEL EMBRIÓN IDEAL

El nacimiento de un bebé para salvar a un hermano es el primer paso entre los nuevos retos científicos: ¿por qué no evitar también la predisposición al cáncer o al alzhéimer? ¿O elegir el sexo del feto?